La amistad

La amistad

                                        “Cada amigo representa un mundo dentro de nosotros, un mundo que tal vez no habría nacido si no lo hubiéramos conocido.”

Anaís Nim

 

LA AMISTAD

La Real Academia española (R.A.E) define la amistad como: “Aspecto personal, puro y desinteresado compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.”

El tema de la amistad ha sido estudiado por filósofos como Aristóteles, Platón, Kant entre otros, y un sin fin de escritores.

Somos seres sociales y necesitamos establecer conexiones, compartir y crear vínculos afectivos.

La amistad puede darse dentro del contexto de la pareja, entre dos mujeres, entre dos hombres, entre un hombre y una mujer…

Os voy a hablar de la amistad fuera del contexto de la pareja, entre dos personas.

Las relaciones de amistad son muy importantes en el desarrollo emocional, social e intelectual de los seres humanos.

Quiero matizar que la amistad perfecta no existe, como no existe la perfección en cualquier tipo de vínculo, ya que las relaciones humanas son complejas.

En una relación de amistad pueden confluir sentimientos de cariño, confianza, generosidad, lealtad, complicidad, identificaciones…

A veces pueden aparecer celos, rivalidad, envidia…Cuanto más maduras y equilibradas son las personas, más sana es la amistad.

La amistad es un concepto subjetivo a donde se puede desplazar muchos sentimientos internos.

Es un valor muy importante y en algunos momentos cruciales de la vida supone un apoyo fundamental.

Los primeros 6 años de vida, el cerebro tiene gran plasticidad, capacidad de aprender y moldearse de acuerdo al mundo exterior próximo. Los vínculos afectivos en esta etapa son de suma importancia y van a influir en nuestra vida emocional.

Ya nacemos necesitando de otros. Llegamos con una situación de dependencia absoluta para poder sobrevivir. Necesitamos cuidados físicos, pero también emocionales para un adecuado desarrollo emocional.

Las amistades pueden cambiar en las diferentes etapas de la vida, debido a la propia evolución y otras veces pueden permanecer toda la vida.

Voy a comentar brevemente las diferentes etapas:

Primera infancia: dura hasta los 2 o 3 años.
Aquí se juega con otros niños, se comparte espacio en la guardería o parque… pero juegan casi de un modo independiente. Hay una aproximación a la vida social, son las primeras interacciones.

Etapa preescolar: hasta los 6 años.
Aquí ya hay más proximidad, se da el contacto físico, el otro es compañero de juegos. Los encuentros tienen un tinte de inestabilidad, el encuentro está más basado en la cercanía.

Etapa escolar: de los 6 a los 12 años.
Aquí aparece la “gran amiga” o “gran amigo”. Se relacionan con los iguales, se comparte intereses, interiorizan reglas de juego. Se pueden apoyar mutuamente y les preocupa lo que esta persona pueda pensar de ellos.

El juego es recíproco, hay intereses compartidos, cooperación, ayuda… Las relaciones van adquiriendo más madurez y se crean vínculos muy afectivos y estrechos.

Adolescencia: De los 12 a los 18 años.
Aquí la amistad es un bien imprescindible. Es una etapa convulsa, de cambios internos emocionales. Se cuestionan las figuras paternas, las normas, las reglas. Es una etapa de inestabilidad. Se reivindica la independencia, el espacio propio, la identidad, la libertad de horarios de salida y llegada a casa…y se comparten los conflictos familiares.

La imagen cobra un valor importante, se producen cambios físicos y hormonales, se despierta al deseo de seducción… Aparecen los primeros amores, desengaños, sufrimientos…Los propios sentimientos aparecen desordenados y atravesados por lo pasional.

La amistad es más intensa y profunda. Se comparten secretos mutuos. Se puede hablar de todo, mientras que con los padres no. Escuchar y ser escuchado ayuda en el entendimiento mutuo. Hay cariño, afecto, necesidad de reconocimiento.

Los adolescentes se están construyendo, ubicándose en el mundo, averiguando cuál es su lugar y comparten ese proceso con su amistad más íntima. Es un deseo de conocer y explorar el mundo. Aparecen ideales a seguir.

Se comparte el tiempo libre: salidas, paseos, las pandillas o el grupo que se suele elegir en un principio por cercanía geográfica y luego, conforme se avanza en edad, por afinidad.

El apoyo emocional que se brindan es vital, les da seguridad, afianza la autoestima…

A veces hay personas que creen que, por pasar mucho tiempo juntas, se conocen, pero si no comparten sentimientos, confidencias, pensamientos… pueden no saber el estado emocional interno de la otra persona.

Hay que saber que un alto nivel intelectual no va de la mano de la capacidad para involucrarse en un lazo de amistad, un vínculo afectivo con otra persona. La amistad se puede establecer con cualquier nivel intelectual. Puede haber pobreza afectiva junto a un nivel intelectual o cultural alto y al revés.

En la capacidad para establecer encuentros afectivos intervienen factores como: la estructura de personalidad, la historia familiar, factores neurológicos, etc.

No es lo mismo un intercambio meramente intelectual que una relación de amistad.

En el primero hay un intercambio de conocimientos, de ideas…, es una comunicación extrínseca. Sin embargo, en la amistad hay un componente afectivo, hay reciprocidad, diálogo, comunicación, encuentro, afecto…, más allá del mero compañerismo.

También podemos diferenciar una relación de amistad de la de amor de pareja:

El amor necesita retroalimentación constante. Necesita presencia y permanencia. Puede haber ausencia puntual, pero no sostenida en el tiempo. La ausencia provoca sufrimiento. Hay deseo físico, relaciones sexuales. El amor puede no ser recíproco.

La amistad no requiere asiduidad y sí reciprocidad. La ausencia no genera malestar. La persona amiga está ahí, no cuenta tanto la distancia física que pueda darse por circunstancias.

Se puede compartir, intercambiar pensamientos, sentimientos, reflexiones, confidencias. Es una relación libre, no está sujeta a un ritmo o cadencia preestablecida. Como bien dice Gabriela Mistral: “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria, es decir, fidelidad”.

La amistad no es posible si no hay bilateralidad.

En palabras de Margarite Yourcenar: “La amistad es ante todo certidumbre, y eso es lo que la diferencia del amor”.

A la persona amiga se la elige. Los amigos tienen cosas en común, les gustan las cualidades del otro, se comparten ideales o hay aproximación a los de cada uno.

Debido al conocimiento subjetivo que tenemos del mundo, percibimos e interiorizamos la vida de un modo particular. Pero tenemos necesidad de compartir, validar, contrastar lo que sentimos.

¿Por qué son aconsejables las relaciones de amistad?

Numerosos estudios científicos han verificado que el aislamiento social aumenta el estrés. Las personas que tienen buenas amistades generan menos cortisol, la hormona del estrés.

La amistad activa neurotransmisores que generan bienestar y reducen la ansiedad, la tristeza y mejora el estado de ánimo.

También ayuda a contrarrestar la soledad al propiciar el sentimiento de pertenencia y reconocimiento.

La amistad puede sacar lo mejor de cada uno.

El disfrutar de buenos amigos hace que el cerebro active circuitos de placer.

Es aconsejable quedar con amigas con asiduidad, pasear, compartir alguna afición, conversar, abrazar, escuchar y ser escuchada.

Una amistad sana desea el bien de la otra, la respeta en su singularidad. No establece lazos de fusión o posesividad, no reclama la exclusión con respecto al resto.

Establece un encuentro con un diálogo abierto, profundo a veces, bilateral. Sabe escuchar, ayuda a situarse ante los conflictos y acompaña en la búsqueda de soluciones.

Acompaña en momentos cruciales: rupturas, pérdidas, momentos de alegría, felicidad y hace sentir a la otra persona querida, acompañada.

Es un testigo leal y compañero que ayuda a soportar el dolor en momentos de sufrimiento y comparte la alegría en los momentos de felicidad. Es empática. La amistad tiene una ética propia: respeto, cariño, complicidad, confianza, lealtad, escucha abierta, entendimiento.

Para querer a la persona amiga hay que conocerla, compartir cosas de la vida. Al igual que en el amor, la amistad hay que cuidarla.

La buena amistad dice lo que piensa y en el momento adecuado, pero las discrepancias se exponen desde la tolerancia y el cariño, propiciando la reflexión. Ayuda a veces, a evolucionar. Su palabra pesa.

En ocasiones, las relaciones de amistad acaban, quedan en el recuerdo. Pueden terminarse por múltiples circunstancias: divergencia de valores, ideas o creencias, evoluciones diferentes…

Pero hay amistades que permanecen fuera, en el exterior y dentro, en nuestra más íntima historia pasada y presente. Es esa amistad del secreto guardado, compartido en un silencio tácito, en una mirada cómplice que habla aunque guarde silencio ante el mundo. En boca de Elbert Hubbard “Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”.

La amistad en toda su amplitud se palpa en la poesía de Carlos Castro Saavedra:

“Amistad es lo mismo que una mano que en otra mano apoya su fatiga y siente que el cansancio se mitiga y el camino se vuelve más humano.
El amigo sincero es el hermano claro y elemental como la espiga, como el pan, como el sol, como la hormiga que confunde la miel con el verano.
Grande riqueza, dulce compañía es la del ser que llega con el día y aclara nuestras noches interiores.
Fuente de convivencia, de ternura, es la amistad que crece y se madura en medio de alegrías y dolores”.

Concha Porta

Colaboradora de iDN+S Marbella

Psicóloga clínica del balneario Hervideros de Cofrente



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