La importancia de un buen diagnóstico

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La importancia de un buen diagnóstico

¿Está usted harto o harta de ir de profesional en profesional sin que ninguno consiga resolver su problema? ¿Está cansado o cansada de cambiar una y otra vez de fármacos, cansado de seguir tratamientos psicológicos diferentes, sin ninguna mejora? Esto que le está ocurriendo a usted es algo de lo que se quejan muchas personas cuando llegan a los especialistas.

¿Por qué ocurre esto?
Verá, hay varios motivos. Todos ellos señalan la importancia de un buen diagnóstico. Es probable que el primer diagnóstico que le dieron haya ido pasando de profesional en profesional sin revisarse, sin realizar una exploración adecuada porque dan por bueno el informe previo. Es decir, han dado por bueno lo que su primer psicólogo o psiquiatra le diagnosticó. De ahí, que tanto la medicación como la intervención psicológica se hayan dirigido a ese problema plasmado en el informe sin ningún resultado porque no es el correcto.

También puede suceder que cada uno de los especialistas a los que usted ha acudido, le haya diagnosticado un problema diferente, sin que ningún tratamiento, ni farmacológico ni psicológico, le haya resultado de ayuda. Porque ninguno era el correcto.

Dar un buen diagnóstico es fundamental para poder aplicar el tratamiento adecuado. Acorta tiempo de sufrimiento, permite retomar la vida diaria de manera satisfactoria y, algo muy importante, evita que se cronifique aquello que le llevó a solicitar ayuda en su momento.

Llegados aquí puede decir, “vale, vale, pero ¿cómo sé yo que estoy delante de alguien que va a dar el diagnóstico correcto? ¿cómo voy a saber que el tratamiento que me da, sean pastillas o psicoterapia, es el adecuado? Buena pregunta, difícil respuesta. Pero, déjeme que le oriente un poco, quizá le sirva.

Usted ha ido a un especialista en salud mental por una de estas dos vías:

  • Ha acudido a su médico de cabecera y tras una exploración y quizás algunas pruebas, este profesional ha decidido que su problema es de salud mental, por lo que lo deriva a un especialista en esta materia.
  • Ha acudido directamente a un psiquiatra o a un psicoterapeuta porque desde el principio usted ha pensado que lo que le ocurre es un problema mental.

En cualquiera de los dos casos puede ocurrir lo siguiente:

  • Sus síntomas son de salud mental pero la causa es un problema físico (por ejemplo, un problema de tiroides). El diagnóstico es el de enfermedad física que se manifiesta con síntomas psicológicos.
  • Sus síntomas son de salud mental y la causa también. Estamos ante un diagnóstico psicológico.

El especialista que le atiende, ha de tener en cuenta ambas posibilidades y por lo tanto, explorarlas en la evaluación.

¿Lo ha hecho?
Del resultado de uno u otro diagnóstico, se concluye que usted ha de acudir a otro especialista. En el primer caso puede ser por ejemplo, un médico internista, un endocrino, entre otros. En el segundo caso, puede derivarlo a un psicólogo o éste a un psiquiatra, dependiendo de qué especialista haya realizado la evaluación.

Pero también puede decidir que debe tratarlo porque su problema es de su especialidad.

¿Le ha explicado la evaluación y por qué ha tomado la decisión final?
Porque de ser así, le habrá comentado que en esa recogida de información, ha contrastado diferentes posibilidades, con el fin de descartar otros trastornos con los que se puede confundir el que usted padece. Se llama diagnóstico diferencial.

¿Le ha preguntado sobre síntomas que usted sufre y sobre otros que no reconoce?
Es más, si está tomando medicación puede que los efectos secundarios de estos estén produciendo sintomatologías que confunden el diagnóstico.

¿Ha revisado el especialista al que ha acudido la medicación que toma, los efectos secundarios, las interaccionas farmacológicas?
Ha de saber que muchos fármacos producen síntomas psíquicos muy molestos, y que éstos pueden aumentar si usted toma más de un medicamento. Por ejemplo los corticoides puede producir trastornos afectivos, algunos broncodilatadores producen inquietud e insomnio especialmente en niños, y así muchos más.

Pero, espere, espere, todavía hay más.

Es posible que el diagnóstico central, ese que dice lo que tiene y que todos los especialistas coinciden, bien porque se fían del informe del anterior al que usted ha acudido o bien porque en su evaluación han coincidido, sea correcto.
Entonces, ¿por qué no lo solucionan y yo sigo con este calvario? Se preguntará.

Le explico, puede suceder que, a pesar de ser correcto, hayan obviado otros problemas que se suman al que le han diagnosticado y le impiden que el tratamiento funcione. Es necesaria una exploración adecuada para comprobar si esto ocurre. Se llama diagnóstico comórbido.

¿Le ha preguntado el especialista sobre cosas que no tienen nada que ver con los síntomas que le aquejan pero que le ocurren?
En definitiva, saber qué le ocurre, detectar un posible motivo físico, poder diferenciarlo de otros problemas, conocer si hay algo más que pueda interferir en el tratamiento, es necesario para que el diagnóstico sea el correcto.

Y, llegados aquí, se preguntará ¿y para qué tantas vueltas sobre el diagnóstico?
Se lo aclaro. Actualmente hay tratamientos psicológicos eficaces basados en la evidencia para trastornos concretos. Si el diagnóstico es el adecuado, el especialista en psicología clínica aplicará el correcto con los resultados exitosos que se esperan de ese tratamiento.

Por otra parte, si está en manos de un psiquiatra, éste podrá elegir el fármaco (o los fármacos) adecuado así como la dosis correcta de acuerdo al tipo de vida que usted tiene, sus características físicas y la gravedad de la sintomatología que usted presenta. Ya ve lo importante que es realizar un buen diagnóstico.

Resumen:
Dar un buen diagnóstico es fundamental para poder aplicar el tratamiento adecuado. Acorta tiempo de sufrimiento, permite retomar la vida diaria de manera satisfactoria….



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